¿CUÁNTOS FEMINISMOS CABEN EN EL MINISTERIO DE IGUALDAD?

Dice Irene Montero, Ministra de Igualdad, que no hay un feminismo sino muchos. ¿Cuántos? A saber, no ha especificado. Es bastante probable que ni ella misma lo haya pensado. Es como los géneros: hay uno por cada persona. Vamos, lo que toda la vida hemos llamado “personalidad”. Y, según parece, por cada personalidad hay un feminismo y cada uno tiene el suyo. Y todos son igual de buenos para la señora Montero: ya sea para regular la prostitución o abolirla, para acabar con el género o protegerlo por ley… lo uno y su contrario, todo es igual de aceptable, ante su equidistancia. Porque ¡oye! cada feminismo, como cada gusto, es de cada uno, algo personal e intocable, según la ministra.


¡Y las feministas pensando que lo personal era político, y que para cambiar la sociedad debíamos unirnos y tener una agenda clara por la que luchar! Pues resulta que no, que cada cual debe construirse la suya y hacer lo que pueda, que ella no se ha hecho ministra para hacer política por las mujeres, sino para…. no se sabe para qué, pero por las mujeres todavía no ha hecho nada, como demostraron en Rueda de Prensa las compañeras de la Confluencia Movimiento Feminista el día 25 de enero, por webinar.

De hecho, la ministra (y muchas otras compañeras suyas de instituciones dependientes de su ministerio) tuvo a bien unirse a la campaña de Twitter de ese mismo día, cuyo fin era anular el impacto negativo que la Rueda de prensa de la Confluencia, podría tener sobre ella. Dicha campaña fue apoyada por 550 colectivos (la mayoría mixtos y defensores de colectivos LGTBI e, incluso, alguno un poco machistilla (¿quién iba a imaginar que hasta firmó a su favor la Asociación “Stop Feminazis”? (Ver aquí lista-colectivos-completa-para-pdf-7.pdf (wordpress.com)). Que mala pata tienen, siempre les apoya gente muy muy de derechas. Como Macarena Olona, cuando felicitó a Irene Montero en relación con el procedimiento de urgencia de la modificación de la ley catalana contra la violencia machista para incluir las auto identificaciones.

Pero sigamos con la señora Montero. En el mismo tweet afirma que “El feminismo eficaz tiene que luchar contra la homofobia, la explotación de clase, raza y género, el capitalismo y el imperialismo".


No se sabe cuáles han sido las fuentes de las que ha bebido la señora Montero, pero lo que sí es seguro es que no han sido fuentes feministas. Lo demuestra el hecho de afirmar que EL feminismo (ya no es el feminismo que cada una quiera, no; el bueno es el suyo), debe luchar:

- Contra la homofobia

- contra la explotación de clase, raza y género

- contra el capitalismo

- contra el imperialismo


¿Qué tienen en común estos 4 bloques? Que todos, absolutamente todos, incluyen o pueden incluir a los HOMBRES. Vaya, vaya. Y las feministas que pensábamos que el feminismo luchaba por los derechos de las MUJERES, por razón de su biología. Menos mal que están ellas para explicarnos que no. Como Paloma G. Villa (Portavoza en la Asamblea de Madrid en las comisiones de Mujer, Políticas Sociales y Discapacidad) que, a falta de argumentos, llama a las feministas “tontas útiles” por querer dejar claro, en el mural de Ciudad Lineal, que nuestra opresión es por razón de sexo y no por razón de género.

Por si fuera poco, la señora Boti García Rodrigo (Directora General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, dependiente del Instituto de las Mujeres) llama a las mujeres “privilegiadas” por el hecho de serlo, y más por no compartir esos supuestos privilegios con las personas trans. No olvidemos que fue presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), actual promotor de los “vientres de alquiler” en España.

Pero, además, afirma que “ampliar derechos no debe suponer acabar con los derechos de otra persona”. ¿Estará queriendo decir que cuando, mediante la auto identificación de hombres como mujeres, se meta a violadores potenciales en cárceles, baños o vestuarios de mujeres, esto no acabará con el derecho a la seguridad de las mujeres y niñas? ¿O que cuando se anule de facto la aplicación de la ley de violencia machista al incluir a cualquiera como mujer, esto no terminará con los derechos de las víctimas? ¿O, quizá, quiere decir que las mujeres y niñas, en realidad, no son personas? No sabemos cuál de las respuestas aterra más.

Por si no fuera suficiente, la señora Beatriz Gimeno, actual directora del Instituto de las Mujeres (todo debe estar en plural, según parece), también aporta su granito de arena, afirmando que “no concibe un feminismo que levante barreras” (de nuevo el feminismo ya no es plural, ¡vaya lío!).


Es decir, que luchar por encontrar la igualdad real y no perder derechos, significa, para la directora del Instituto de las Mujeres, que las mujeres levantan barreras. No especifica contra quién. Pero, si el feminismo lucha por las mujeres, se sobre entiende que las barreras se levantan contra los hombres. Porque de eso iba el feminismo ¿no? De proteger a las mujeres de los hombres que las violentan.


Pues no le parece bien a Gimeno que, por cierto, también fue presidenta de la FELGTB entre 2003 y 2007. Si el feminismo no incluye señores, entonces, es inconcebible para nuestra representante.

Y es que, cuando las feministas decimos que queremos leyes que nos protejan de los hombres, queremos decir, de TODOS los hombres, ya que, potencialmente, CUALQUIERA DE ELLOS puede suponer un peligro para una mujer, con solo desearlo. Incluidos aquellos que se auto identifican como mujeres (muchas veces a edades avanzadas, tras una vida de privilegios masculinos). Como los que el pasado 8M 2020 atacaron físicamente a las compañeras abolicionistas en Madrid y Barcelona, ante la impasibilidad de policía y organización. Casi un año después, todavía no se ha escuchado ninguna declaración institucional de rechazo ante dicha violencia de tintes machistas.


Está claro, desde luego, que el Ministerio de Igualdad (con todas sus ramas) no trabaja por las mujeres, teniendo en cuenta que ni siquiera tiene claro quiénes son éstas. Esa debe ser la razón por la que la palabra mujer ha ido desapareciendo de los organismos que dependen de él y cada vez se habla más de diversidad, y de grupos LGTBI+ como si tuvieran una agenda común con el feminismo. Y esa debe ser, también, la razón por la que gran parte de las personas que están al frente de las instituciones que deberían defender a las mujeres y sus derechos, forman en realidad parte de los colectivos LGTBI+ que se benefician de este tipo de políticas de diversidad, quedándose con los escasos recursos económicos y sociales que han conseguido las feministas tras muchos años de lucha. Y es que el pato siempre lo pagamos mujeres o, como dice Paloma G. Villa, “las tontas útiles”.

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